martes, 14 de septiembre de 2010

No es eso, Sr. Olcese…… no es eso.

Y es que por mucho que se empeñe y se repita en su argumento, el Sr. Olcese y con él cuantos lo comparten, o al menos no discuten su planteamiento, están equivocados. Porque no existe nada parecido a un ungimiento automático inmediato después del bautismo en agua y que le convierta a uno en Hijo de Dios, hermano de Cristo y en consecuencia, heredero del reino en calidad de gobernante; argumento por otra parte, en el cual últimamente está insistiendo mucho. Pero repetimos: eso no es así y si no, que por favor se nos muestre algún texto bíblico, no ya que lo diga de forma expresa (tampoco pedimos tanto), sino que tan solo lo de a entender. O más simple aún: que se nos diga en donde nos equivocamos (y si es que lo hacemos), en las afirmaciones que vamos a formular, al tiempo que se nos señalan que textos no interpretamos y aplicamos correctamente. Y ya adelantamos, que si nosotros en nuestro argumento podemos probar que tenemos razón, el Sr. Olcese y cuantos con él apoyan semejante línea de pensamiento, tendrían que ir meditando seriamente en reconsiderar todas y cada una de sus creencias, sobre todo, la de Juan 5:28-29 y que parece ser el origen de todo este disparate. Por lo menos, eso sería lo razonable.

Y ahora dicho esto, permítanos querido lector, explicar el porqué de este artículo que está leyendo: hace unos días, concretamente el 3 de este mes de Septiembre, Apologista Mario Olcese, publicó en su blog un escrito bajo el título “¿Cuantos Cristos tiene Dios?” y que es exactamente el mismo que publicó el 30 de Marzo de 2009, bajo el título “¡Usted está llamado para ser un Cristo, un Hijo de Dios!”. Lo cual no tiene mayor importancia ni representa problema alguno, dado que es conveniente que se vayan reeditando algunas publicaciones de cuando en cuando, para que no queden en el olvido. El problema aparece, cuando sobre un artículo publicado y acerca del cual, se han recibido algunas objeciones razonables (y razonadas) en contra de los planteamientos expuestos y mostrando lo incorrecto de ellos, se vuelve tiempo después a publicar la misma idea tal cual, cuando no el mismo artículo como es el caso, a pesar de no haberse podido rebatir la objeción u objeciones en su día recibidas…… y siendo esta la circunstancia que hoy nos ocupa. Y puesto que el artículo se vuelve a publicar sin ninguna corrección, de nuevo presentaremos las pertinentes objeciones, con la esperanza de que en esta ocasión se nos haga un poco más de caso.

Una de las ideas que defiende y enseña el Sr. Olcese, como ya hemos mencionado, es la de que todos aquellos creyentes que son bautizados en el nombre de Jesús y mediante inmersión, ya reciben de forma automática mediante el derramamiento del Espíritu Santo, su “ungimiento” o adopción como Hijos de Dios, en consecuencia hermanos de Jesucristo y por ello, coherederos del Reino con él en calidad de gobernantes. O sea, que si usted es un cristiano bautizado mediante inmersión en agua y en el nombre de Jesucristo y aunque no se haya enterado de ello, séale sabido que ya fue escogido en el preciso momento de su bautismo, para gobernar junto a Cristo durante el milenio, en calidad de rey y sacerdote, gozando además de la inmortalidad: así de simple, según el Sr. Olcese. Sin embargo, esa afirmación de un acceso automático e inmediato después del bautismo, a una relación paterno/filial con nuestro Creador, es un argumento que no hay por dónde cogerlo porque la Biblia no dice nada de ello; pero no obstante, eso es lo que el Sr. Olcese y otros de su entorno, pretenden que creamos. Veamos algunas afirmaciones del citado autor en algunos de sus artículos, por ejemplo, en el ya sugerentemente titulado “Todos los bautizados somos Cristos”, del 05/02/2007 y en donde en su párrafo cinco menciona lo siguiente:

Los primeros creyentes no estaban esperando una experiencia futura de ungimiento del Espíritu Santo, porque Dios ya los había ungido el mismo día de su conversión y bautismo, de lo contrario no podrían haber sido considerados cristianos, ni menos, ser parte de la iglesia de Corinto.

Como se puede apreciar, aquí se nos dice que el mismo día de su conversión y bautismo, ya fueron reconocidos como Hijos de Dios, lo cual en principio parece que es falso porque las Escrituras nos dicen, según nosotros entendemos, más bien todo lo contrario.

Volvamos ahora al citado artículo del 30/03/2009, en donde bajo el subtítulo “Los otros Cristos”, el primer párrafo del mismo y ya precisando un poco más, afirma lo siguiente:

La Biblia nos dice que los cristianos, los que hemos sido bautizados para el perdón de los pecados, hemos sido automáticamente ungidos por Dios para ser ‘Cristos’, y por lo tanto, coherederos con él del reino de Dios.

Notamos que aquí ya se nos afirma que es la propia Biblia la que nos dice, que después del bautismo ya somos automáticamenteungidos” por Dios para ser Cristos y por tanto, gobernantes en calidad de reyes y sacerdotes en el Reino de Dios. Pero es que en la Biblia y contrario a lo que afirma el Sr. Olcese, no se nos dice nada de esto, ya que no encontramos en ella ni un solo texto que nos hable de un inmediato reconocimiento como Hijo de Dios, al momento de ser uno bautizado en agua, ni siquiera algo que mínimamente lo pudiera sugerir. Pero sin embargo y por el contrario, lo que sí es cierto es que el libro de “Hechos de los apóstoles” y escrito por el médico Lucas, autor del evangelio que lleva su nombre y que es lo que se podría considerar como la narración histórica de los primeros momentos de la incipiente congregación cristiana, nos da una información que apunta en dirección opuesta. Es más, de ninguna manera da a entender en su contexto, siquiera por aproximación, que las cosas fueran tal como nos las explican el Sr. Olcese y los que junto a él, aceptan y difunden esa más que discutible enseñanza. Veamos unos cuantos ejemplos de cómo realmente ocurrieron los hechos, siempre según nos lo cuenta el citado relato inspirado.

Debido a la extrema persecución que en un determinado momento sufrió la citada congregación, la mayoría de seguidores de Jesús, excepto los apóstoles, abandonaron Jerusalén. Entre ellos, un tal Felipe que pasando a Samaria, consiguió ser escuchado y captar por ello a muchos adeptos:

Pero cuando creyeron a Felipe, que estaba declarando las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de Jesucristo, procedieron a bautizarse, tanto varones como mujeres.” (Hech. 8:12).

Sin embargo, sorprendentemente y contrario a esas más que dudosas afirmaciones que estamos analizando, esas personas no recibieron el Espíritu Santo de adopción o ungimiento de parte de Dios, en el momento de ser bautizados en agua, ni siquiera el mismo día. O sea y resumiendo, no nacieron del espíritu, sino solo del agua; luego en ese momento, las tales personas no calificaban para entrar en el reino de Dios en calidad de gobernantes y por lo tanto, co-gobernar con Cristo, según Juan 3:5:

Jesús contestó: “Muy verdaderamente te digo: A menos que uno nazca del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Y veamos ahora, porque sabemos que no recibieron dicho Espíritu Santo de adopción como Hijos de Dios, en el momento de ser bautizados.

Lo sabemos, porque el inspirado registro histórico del libro de Hechos, nos cuenta que fue solo tiempo después de su bautismo y cuando desde Jerusalén se mandó una delegación de apóstoles, que mediante la imposición de manos por parte de estos y previa oración (dato muy importante a tener en cuenta), recibieron dicho Espíritu Santo:

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había aceptado la palabra de Dios, les despacharon a Pedro y a Juan; 15 y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo. 16 Porque todavía no había caído sobre ninguno de ellos, sino que solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17 Entonces se pusieron a imponerles las manos y ellos empezaron a recibir espíritu santo.” (Hech. 8:14-17).

Note por favor, que si bien habían sido bautizados de forma correcta, no recibieron de forma automática su reconocimiento como Hijos de Dios, al no recibir el Espíritu Santo de adopción después de su inmersión en agua, sino que fue bastante tiempo después, cuando les fue concedido dicho don mediante imposición de manos y tras previa oración de solicitud a Jehová, para que lo concediera. Tengamos en cuenta, por otra parte, que la distancia de Jerusalén a Samaria, era de unos 50 kms. y que para los medios de la época, el que la noticia de la conversión de personas de la citada ciudad llegara a Jerusalén y que discípulos después viajaran hasta ella, evidentemente implicaría algún tiempo. Luego parece quedar claro que lejos de recibir dicho reconocimiento como Hijos de Dios, de forma automática en el momento de su bautismo en agua, esto ocurrió pasado bastante tiempo y mediante intervención humana directa, por lo cual estaríamos hablando de una cosa muy distinta a la afirmada por el Sr. Olcese.

Pero es que este pasaje citado, también nos dice algo más, si lo sabemos leer entre líneas y que es sumamente importante para contribuir a aclarar el tema que nos ocupa: nos habla del convencimiento que tenían los apóstoles, de que sin su intervención, no era posible el derramamiento de Espíritu Santo y lo cual queda probado, por la forma expresa que para ese propósito en concreto fueron enviados Pedro y Juan a Samaria, algo que no habría sido necesario de ser las cosas como nos las cuenta, entre otros, el Sr. Olcese. Eso es lo que se sobreentiende del versículo 15: “…… y estos bajaron y oraron para que recibieran espíritu santo.” Luego vemos que se nos dice que bajaron para que recibieran, esos conversos de Samaria, dicho espíritu santo; pero también queda claro que de ahí nos surge una derivada y que haríamos bien en tener en cuenta, para un uso posterior: ¿por qué no se lo transmitió el propio Felipe, que era el que les había predicado el evangelio y además, con grandes demostraciones de poder, al grado que los tenía asombrados (vers. 6-8; 13b)? Y la única explicación plausible que se nos ocurre, es que él no estaba autorizado para hacerlo: sencillamente no podía.

También aprendemos y eso es muy interesante, que el derramamiento de dicho Espíritu Santo, era precedido de una solicitud (mediante oración) hecha al Altísimo y por las personas apropiadas, para que fuera llevado a cabo; luego parece quedar claro que la intervención humana, era un factor a tener en cuenta para el tal derramamiento y por lo tanto, no queda lugar para un acto de corte automático sin ningún tipo de mediación. Porque es eso y no otra cosa, lo que nos da a entender el pasaje citado; entonces vemos que una cosa era el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo y otra muy distinta y separada, recibir el espíritu de adopción como Hijo de Dios. Y es que de no ser así, no tendría demasiado sentido el que no se nos explicara por qué, en esta circunstancia en concreto, dicho Espíritu Santo no se hubiera derramado de forma automática después de la inmersión en agua, si esa hubiera sido la forma habitual. Pero analicemos otro caso que le sucedió a Pablo y se nos relata en Hech. 19:1-7:

En el transcurso de los sucesos, mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo pasó por las partes del interior y bajó a Éfeso y halló a algunos discípulos 2 y les dijo: “¿Recibieron espíritu santo cuando se hicieron creyentes?”. Ellos le dijeron: “¡Si nunca hemos oído si hay o no espíritu santo!”. 3 Y él dijo: “Entonces, ¿en qué fueron bautizados?”. Dijeron: “En el bautismo de Juan”. 4 Pablo dijo: “Juan bautizó con el bautismo en símbolo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en el que había de venir después de él, es decir, en Jesús”. 5 Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. 6 Y cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el espíritu santo y empezaron a hablar en lenguas y a profetizar. 7 En conjunto, eran unos doce varones.”

Note de nuevo, por favor, que aunque bautizados en agua por Pablo y en el nombre de Jesús, o sea, ya bautizados correctamente, tampoco recibieron de forma automática el Espíritu Santo, como consecuencia directa de su bautismo en agua, sino que esto ocurrió después y solocuando Pablo les impuso las manos”. Ahora preguntémonos lo siguiente ¿qué necesidad habría tenido Pablo de imponerles las manos para que recibieran dicho Espíritu Santo de adopción, si este hubiera venido sobre ellos de forma automática en el momento de salir del agua? Sin embargo el texto deja muy claro, que solo cuando Pablo les impuso las manos, fue derramado dicho don y se hicieron manifiestos algunos de los poderes que el tal conllevaba: empezaron a hablar en lenguas y a profetizar.

De nuevo vemos que no bastó con el simplemente ser bautizados, para recibir dicho don, sino que se necesitó de algo más: que alguien debidamente autorizado, personalmente transmitiera dicho Espíritu Santo de adopción, así como los poderes que llevaba asociados. Y notemos una circunstancia que nos puede ayudar a reforzar lo correcto de nuestra afirmación: este episodio de Pablo, ocurrió unos 20 años después del Pentecostés de 33 E.C. y como hemos visto, la fórmula empleada para el derramamiento del Espíritu Santo, continuaba siendo la imposición de manos por parte de aquellos que estaban debidamente cualificados para ello: los apóstoles. Porque no hay un solo texto o pasaje bíblico que nos hable de un ungimiento como Hijo de Dios, inmediato al bautismo en agua a excepción del de Jesús, aunque con la notoria diferencia de que él no fue adoptado como hijo de Dios en este momento, sino que solo fue reconocido de forma pública como tal por el propio Jehová: él ya era Hijo de Dios y lo cual hace que estemos hablando de dos cosas totalmente diferentes. Ahora bien, la pregunta podría ser la siguiente ¿dónde en las Escrituras, se nos habla de un cambio, en la forma o ritual que desde un principio y como mínimo por un espacio de 20 años (según el contexto del libro de Hechos), era derramado dicho espíritu santo de adopción? ¿En dónde se nos informa, del cambio al supuesto modo automático actual y del que nos habla el Sr. Olcese?

Entonces ¿que aprendemos de estas experiencias? Pues aprendemos varias cosas. La primera y fundamental, es que nada tenía que ver el ser bautizado en agua, con el recibir de forma automática el espíritu de adopción como Hijo de Dios: una cosa era una cosa y la otra, algo totalmente distinta, como parece que ha quedado probado. En segundo lugar, aprendemos que el Espíritu Santo de adopción solo podía recibirse a través de los apóstoles (Pablo tenía esta condición), dado que en todo relato bíblico que tenga que ver con el derramamiento de dicho Espíritu de adopción como Hijo de Dios, o bien era impartido a través de los apóstoles, mediante la oración y posterior imposición de manos o en su defecto, era directamente derramado por Jehová, pero estando siempre presente alguno de ellos. Este fue el caso, por ejemplo, en la conversión del gentil Cornelio y en donde, una vez más, se nos muestra que nada tiene que ver el bautismo en agua, con la adopción como Hijo de Dios. Según el relato que nos ofrece el cap. 10 de Hechos, este personaje, junto a los de su casa, recibieron directamente de Jehová el Espíritu Santo y por tanto, la adopción como Hijos de Dios, poderes incluidos, antes de ser bautizados en agua y en presencia del apóstol Pedro. (Versos 44 y 48). Luego lo que queda claro, es que el recibir dicha adopción como Hijos de Dios, de forma automática e inmediata después del bautismo en agua sin más y como consecuencia directa una cosa de la otra, no tiene ningún tipo de apoyo bíblico, según las experiencias relatadas y que creemos significativas. Por lo menos, eso que estamos afirmando, es lo que dice la Biblia: nosotros, ni añadimos ni quitamos, solo explicamos lo que parece deducirse del relato bíblico.

También hemos aprendido, por otra parte, una cosa curiosa y muy significativa: que las personas que tenían dicho Espíritu, pero que no formaban parte del grupo de los doce (más Pablo), si bien podían actuar bajo sus poderes, no podían transmitirlo a diferencia de ellos (los apóstoles) que sí podían. Ahí está el claro ejemplo de Felipe, que mediante obras poderosas demostró poseerlo, pero que sin embargo no pudo transmitirlo:

Las muchedumbres prestaban atención de común acuerdo a las cosas que Felipe decía, mientras escuchaban y miraban las señales que él ejecutaba. 7 Porque había muchos que tenían espíritus inmundos y estos clamaban con voz fuerte y salían. Además, muchos paralíticos y cojos fueron curados.” (Hech. 8:6-7).

Sin embargo repetimos, para enfatizar el hecho, que a pesar de poder manifestar sus poderes, no pudo transmitirlo. Analicemos unas palabras inspiradas que se encuentran en los versículos 18-19:

Ahora bien, cuando Simón vio que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el espíritu, les ofreció dinero, 19 diciendo: “Denme a mí también esta autoridad, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba espíritu santo.”

Fíjense que el tal Simón, no pedía la autoridad de realizar las mismas obras poderosas que realizaba Felipe y que quizás en un principio habría recibido igual que los demás, sino que pedía algo más y que Felipe obviamente no podía darle: la capacidad de poder impartir dicho Espíritu Santo a otros.

Por otra parte, el hecho de que se lo pidiera a Pedro y a Juan, en principio unos extraños para él, en lugar de hacerlo a Felipe con quién le uniría una mejor relación (Hech. 8:13), no solo nos indicaría de nuevo la imposibilidad de Felipe de poderlo transmitir, sino el hecho de que solo por medio de los apóstoles, era posible su transmisión, tal y como apunta el versículo 18. Luego el razonamiento lógico, considerado todo lo considerado, sería el de que lejos de ser uno ya reconocido como Hijo de Dios en el momento de su inmersión en el bautismo en agua, mediante recibir en ese momento de forma automática e inmediata dicho espíritu de adopción, tal como afirma el Sr. Olcese y compañía, el tal solo podía ser impartido directa y únicamente por los apóstoles de Jesús, mediante la imposición de manos y previa petición a Jehová, mediante oración. Eso es lo que se deduce al menos, del contexto bíblico que hasta el momento hemos considerado y a menos que se nos demuestre lo contrario, por supuesto.

Pero otra cosa que aprendemos, esta vez por deducción y según lo expuesto, es que lógicamente y con la muerte del último apóstol, se acabaría la posibilidad de transmitir a otros dicho Espíritu, con lo cual se llegaría al final de la presencia operativa de dicho don sobre la Tierra. Por lo tanto y con la muerte de último de los apóstoles, se acabó la captación o elección de Hijos de Dios y por lo tanto, razonablemente, la comisión dada por Jesús a sus seguidores. Sencillamente, ya no se derramó Espíritu Santo sobre nadie más, luego ya nadie más pudo ser adoptado como Hijo de Dios a partir de ese momento. Ello no significaría, que no hubiera habido posteriormente y hasta que Jehová traiga su día de juicio, personas que se bautizaron, se bautizan o se bautizarán en el nombre de Jesucristo y supuestamente pasarán a engrosar el número de sus seguidores, lo cual es una cosa; pero el ser “elegido” o “ungido” como Hijo de Dios, con los poderes que eso lleva implícitos tal y como se puede ver en el registro bíblico, es otra muy distinta y que nada tiene que ver con el ser bautizado en agua, como una relación causa/efecto para ser declarado como tal. Y eso deja claro, que perfectamente puede haber seguidores de Jesucristo, o sea, buenos cristianos, que no necesariamente tengan que haber sido ungidos o escogidos para gobernar con Cristo.

Entonces y después de todo lo considerado, se puede llegar fácilmente a la siguiente conclusión: puesto que el derramamiento del Espíritu Santo cesó con la muerte del último apóstol, tal y como honestamente creemos que ha quedado probado y que la teoría del ungimiento automático tras el bautismo en agua no existe (dado que es una enseñanza sin apoyo bíblico), no pueden haber a día de hoy personas que con razón, puedan afirmar ser Hijos de Dios o “ungidos”, aunque incomprensiblemente lo hagan todos y lo cual es ya es harina de otro costal: porque una cosa es decirlo y otra muy distinta, poder probarlo. Y es que otra cosa que se desprende del relato bíblico y que también habría de tenerse en cuenta, es que todos aquellos que disponían de dicho Espíritu Santo, lo pudieran transmitir o no, se caracterizaban por efectuar obras poderosas. Cuando esas personas desaparecieron, con ellos cesó de forma repentina dicha capacidad y eso se deduce del registro escrito, siendo además también cierto y por lo menos hasta donde nosotros alcanzamos, que a ninguno de los llamados Padres de la Iglesia y a partir del siglo I en adelante, se les reconoce el haber efectuado obras poderosas como las que se atribuyen a los apóstoles y a los discípulos de estos. Y tampoco lógicamente, esos supuestos “ungidos” actuales, pueden llevar a cabo manifestaciones de poder como en su día llevaron a cabo aquellas personas y que era precisamente, lo que las identificaba como verdaderos Hijos de Dios y les daba credibilidad, frente a otras que no lo eran. Hasta donde sabemos, ellas no tenían que ir por ahí esforzándose para convencer a la gente acerca de su relación con Dios: los hechos hablaban por sí mismos, circunstancia que no ocurre en nuestros días.

Entonces, ¿cómo se demuestra que uno ha sido elegido o escogido por Dios, para tan alto privilegio? Pues no hay manera de poderlo hacer, a menos que uno y al igual que aquellos primeros seguidores de Jesús, pudiera realizar actos lejos del alcance natural del ser humano, porque esa era precisamente la tarjeta de presentación que les identificaba como genuinos representantes de Jehová y que según Jesús (detalle muy importante), continuaría con todos aquellos que fueran escogidos:

Además, estas señales acompañarán a los que crean: Mediante el uso de mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas 18 y con las manos tomarán serpientes y si beben algo mortífero no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán.” (Mar. 16:17-18).

Sin embargo, según el Sr. Olcese y su entorno (y si no es así, rogamos que se manifiesten en sentido contrario), estas señales o manifestaciones de poder ya no son necesarias en aquellos que presuntamente gozan en la actualidad del privilegio de haber sido declarados Hijos de Dios y quizás por aquello de que los tiempos han cambiado. Sin embargo, las palabras de Jesús no dejan lugar a dudas, puesto que adquieren el rango de mandato y dado que no parecen haber sido rectificadas en el texto sagrado, solo se puede llegar a una conclusión: si no hay personas que puedan manifestarlas, es que no hay a día de hoy personas escogidas o “ungidas” para tan alta comisión y diga lo que diga el Sr. Olcese y entorno. Salvo que Jesús nos hubiera mentido, claro…… pero eso se lo dejamos a su consideración, querido lector. Por nuestra parte, tenemos clarísima la respuesta.

Y es que lo que en ese pasaje estamos leyendo, es la forma como Jehová tenía de apoyar la comisión dada a esas personas y que estaba directamente relacionada con las obras poderosas que podían llevar a cabo mediante el poder de Su Espíritu Santo y que a la postre, no era más que una carta de recomendación o credencial y que los distinguiría de otros falsos “apóstoles”. Luego siendo esto así, no es suficiente con una simple afirmación, por muy sincera que sea, como parecen opinar todos aquellos que hoy en día se auto-declaran como ungidos o escogidos de Dios, para ser reconocidos como tales, pero que sin embargo no pueden aportar ninguna prueba de ello. Pensamos que Jesús, fue lo suficientemente claro como para que quede alguna duda al respecto, en el sentido de que esas señales acompañarían a los escogidos, precisamente como prueba de que gozan de semejante condición. Luego si esta situación no se produce ¿por qué tenemos que creerles, máxime cuando dicen los disparates que dicen, intentando ajustar lo que la Biblia dice a sus pretensiones personales, en lugar de dejar que sean las Escrituras las que guíen sus expectativas?

La realidad es que hoy en día y usando el registro escrito contenido en las Escrituras, uno puede llegar a ser perfectamente un genuino seguidor de Jesucristo (para eso nos fue dejada la Escritura) y por tanto, un siervo aprobado por Jehová y ahí quedar la cosa, debido que no hay personas que a modo de los apóstoles, estén autorizadas por Dios, para impartir ese preciado Espíritu Santo. Por lo tanto querido lector, no se crea esas fantasías que le cuentan acerca de que todos reinaremos y que gobernaremos sobre un montón de ciudades cada uno, en una bastante y dicho sea de paso, discutible interpretación literal de la ilustración de las minas de Luc. 19:11-27. No que Jehová no haya seleccionado a un pequeño grupo de personas que acompañarán a su Hijo Jesucristo en dicha gobernación (Luc. 12:32) y lo cual evidentemente implicará, suponemos, que se deleguen algunas responsabilidades administrativas sobre otras personas, bien de entre los sobrevivientes de la “gran tribulación” citada en el libro de Apocalipsis, o bien de entre algunos de los que posteriormente vayan resucitando. Lo que no es cierto y es a lo que nosotros nos oponemos, es a la idea que transmiten de que todos los bautizados seremos reyes y a lo que para mayor disparate, pues parece que éramos pocos y parió la abuela (con perdón), el Sr. Olcese y compañía le añaden al grupo en cuestión, ignorando según conveniencia los dos requisitos exigidos por Jesús en Juan 3:5, nada menos que a todos los fieles del antiguo testamento…… ya saben, a los Noé, Abraham, Daniel, etc., etc. y en el momento de su resurrección.

Y que quizás por aquello de más vale que sobre, que no que falte, lo acaban de arreglar afirmando que también la “gran muchedumbre” de sobrevivientes de “la gran tribulación” de Rev. 7:9 y 14, forman también parte de esa clase gobernante. Y de esta manera, nos encontramos con la paradoja de que durante el milenio solo habrá en la tierra gobernantes, pero sin nadie que ser gobernado. Y esa rocambolesca situación, a pesar de que la hemos denunciado en cantidad de ocasiones y por medio de varios artículos, aún no ha sido rebatida por ninguno de esos “expertos” en interpretación bíblica, lo cual nos lleva a pensar que no están en posesión del espíritu de verdad (Juan 15:26), prometido por Jesús y lo cual los convertiría en maestros falsos: sencillamente no tienen argumentos para responder. Porque en vez de pausar y reconsiderar sus aparentemente erróneos planteamientos, muy al contrario y persistiendo en tan confusas ideas, se mantienen en la, como mínimo, extravagante afirmación de que “millones, miles de millones” gobernarán con Jesucristo en dicho reinado milenario. Eso al menos afirmó en su día, el Sr. Olcese y no pareciéndole digno de tener en cuenta por lo visto, el hecho de que Jesús y que algo sabría del tema, apuntara en la dirección contraria, según Luc. 12:32:

No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino.

Y es que de ser un rebaño pequeño, a ser millones, miles de millones…… pues que quieren que les digamos, pero una “pequeña” diferencia si la hay; luego aquí, inevitablemente, alguien está equivocado. Y si nos lo permiten, vamos a señalar que nadie del entorno del Sr. Olcese, escribió nada para cuestionarle dicho argumento, lo cual nos lleva a pensar que están de acuerdo con semejante disparate.

Y es que son sencillamente enseñanzas falsas, emanadas de falsos maestros (2 Ped. 2:1) y tendentes a extraviar, que se arrogan presuntuosamente el derecho de gobernar junto a Cristo durante el milenio y como queriéndole decir a Jehová, lo que tiene o no tiene que hacer con respecto a ellos, porque sencillamente quieren se reyes y porque solo aspiran a tener prominencia y poder, mostrando con ello desconocer cuál es el verdadero propósito de Jehová para con la humanidad obediente. Y ello lo prueba, el hecho de que se les llena la boca con la palabra “reinar”, pero aún no les hemos oído hablar (o publicar, como prefieran) ni siquiera por un momento, algo de la función sacerdotal y por tanto mediadora, de la que serán investidos todos aquellos que sean “escogidos” y que es lo que realmente contribuirá a traer bendiciones al ser humano, al permitirle dicha función sacerdotal, conseguir de nuevo una posición aprobada ante su Creador. De eso no nos hablan, porque sencillamente, eso no les interesa.

Por otra parte, nos gustaría que quedara claro que nosotros al oponernos de esta manera a tales ideas, entendemos que disparatadas hasta el extremo, no pretendemos tanto enmendarles o corregirles a ellos (sencillamente, parece que no quieren), como ayudarles a ustedes a que no se dejen engañar. Y como siempre les hemos dicho, el mejor método para ello, es coger su propio ejemplar de la Biblia y averiguar por sí mismos si aquello que leen, venga de donde venga y se lo diga quién se lo diga, se ajusta a lo que entienden en su análisis personal de lo que dice la Palabra de Dios. Y desearíamos que constara, que no estamos emitiendo ningún juicio sobre la intencionalidad de esas personas a las que nos hemos referido, ya que queremos pensar que creen que están en lo correcto en sus respectivos planteamientos, como así lo creemos todos cuando escribimos y publicamos algo. Pero lo que ya no está tan claro y que por cierto, no da demasiada buena impresión, es que cuando se les objeta alguno de sus argumentos, lejos de pausar y atender dichas objeciones con un ánimo aclaratorio y constructivo, considerando la posibilidad de estar equivocados, altivamente pasan por alto dichas objeciones y continúan de forma pertinaz incidiendo en los mismos, cuando no desmereciendo (o hasta insultando, que también es el caso) a quienes las formulan. Y lógicamente, dicha actitud…… sí que ya da que pensar.

MABEL

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